Éste es el pequeño museo de la alcoba, un museo de obras selectas de pintores que han sido inspirados por las divinas musas.
Son obras que seducen la mirada.
Espejos del amor, de la pasión, de las emociones profundas.
Es arte sin velos. Arte que desnuda el deseo, desde aquel momento en que El Jardín de las delicias abrió sus puertas... o desde aquel instante en que la Diosa Venus, en manos de Tiziano o de Velázquez, se erotizó frente al espejo o entre la espuma del mar…
Más allá de la pulsión escópica, de hacer-ver y de mirar, la magia de estas pinturas alimenta los cinco sentidos en el imaginario: los cuadros cobran vida… suena música, se respiran aromas, se degustan elixires, se sienten caricias.
Los cuadros tienen un elemento que imanta aquello que habita en el inconsciente del espectador y lo hace entrar en escena.
La piel, la luz, la noche, la mujer, la pasión , elementos de esencia infinita, vibran en los lienzos.
Convocan el deseo de quien mira, lo atrapan, al punto de querer besar una figura, de dejarse invadir por una emoción, o de sentirse parte de un paisaje.
Esta magia pictórica provocadora de deseos sucede en tanto que las figuras y escenas en verdad no están allí, en tanto que aquello presente en los lienzos siempre se nos escapa...es inalcanzable.
Son obras que seducen la mirada.
Espejos del amor, de la pasión, de las emociones profundas.
Es arte sin velos. Arte que desnuda el deseo, desde aquel momento en que El Jardín de las delicias abrió sus puertas... o desde aquel instante en que la Diosa Venus, en manos de Tiziano o de Velázquez, se erotizó frente al espejo o entre la espuma del mar…
Más allá de la pulsión escópica, de hacer-ver y de mirar, la magia de estas pinturas alimenta los cinco sentidos en el imaginario: los cuadros cobran vida… suena música, se respiran aromas, se degustan elixires, se sienten caricias.
Los cuadros tienen un elemento que imanta aquello que habita en el inconsciente del espectador y lo hace entrar en escena.
La piel, la luz, la noche, la mujer, la pasión , elementos de esencia infinita, vibran en los lienzos.
Convocan el deseo de quien mira, lo atrapan, al punto de querer besar una figura, de dejarse invadir por una emoción, o de sentirse parte de un paisaje.
Esta magia pictórica provocadora de deseos sucede en tanto que las figuras y escenas en verdad no están allí, en tanto que aquello presente en los lienzos siempre se nos escapa...es inalcanzable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario